LEYENDAS: CARROLL SHELBY, MITO DEL AUTOMOVILISMO
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29 Diciembre 2016
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Pocas personas han influido tanto en el mundo del automovilismo y de las carreras como Carroll Shelby, un humilde granjero nacido en Texas que fue capaz de derrotar al mismísimo Enzo Ferrari, y que creo algunos de los automóviles más influyentes del siglo XX. Hoy repasamos ligeramente la vida de Carroll, una persona que sin duda induce a la motivación y el inconformismo como clave del éxito.

Un hombre polifacético

Carroll nació en Texas en 1923. Hijo del cartero del pueblo, desde muy joven comenzó a deleitarse con pequeñas carreras sobre circuitos ovales en tierra, a las que asistía con su familia. El mismo día que consiguió su carnet de conducir, se lo quitaron durante un tiempo prolongado por circular a alta velocidad por una calle residencial de su localidad.

Durante la II Guerra Mundial, Shelby se enroló en el Cuerpo del Aire del Ejército Americano, donde adiestraba pilotos, probaba aviones y distribuía piezas y suministros a todo el país.

En 1945, con el término de la guerra, volvió a Dallas, donde comenzó a buscar el éxito en varios negocios. Tras buscar fortuna en sectores tan distintos como la recogida de basuras y el petróleo, Shelby se dedicó a la cría de pollos de corral. Sin embargo, la enfermedad de Newcastle acabó con la vida de estos últimos, llevando su idea al desastre. A lo largo de su vida probó fortuna en muchos otros negocios, como la distribución de neumáticos o la creación de una empresa dedicada a la producción de chili picante.

Un piloto de verdad

Mientras dirigía sus esfuerzos hacía estas dispares iniciativas, su interés por el mundo del automovilismo y de la velocidad no dejaba de crecer. Carroll participaba en pequeñas competiciones al Este de Texas, y modificaba y fabricaba coches en su pequeño garaje.

Carroll Shelby, en su época de piloto.

Poco a poco comenzó a acumular victorias en carreras acontecidas por todos los Estados Unidos, consiguiendo en 1954 una oportunidad que no desaprovecharía: correr en Europa para Aston Martin. De las 111 carreras deportivas en las que participó, quedó entre los 4 primeros puestos en 81 ocasiones, y en lo más alto del podio en 50 de ellas. De esta forma fue reconocido como piloto de prestigio por varias publicaciones deportivas de relevancia de la época.

Carroll Shelby, pilotando un Aston Martin

Carroll se coronó como piloto ganando las 24 horas de Lemans para Aston Martin en 1959, un año antes de convertirse en campeón nacional USAC de sports cars.

Debido a problemas de salud relacionados con su corazón (se dice que a lo largo de su vida superó más de 40 infartos), en 1959 debía tomar una píldora de nitroglicerina por carrera. Sin embargo, a finales de 1960 tomaba entre 4 y 5 píldoras por carrera, suministradas por vía oral en muchas ocasiones a más de 200 km/h. Estos problemas cardiacos le hicieron retirarse de sus aventuras como piloto hacia finales de ese año, por recomendación médica.

Durante todos estos años de pilotaje, Carroll seguía participando en negocios de diversa índole, yendo a pilotar en muchas ocasiones con su uniforme de granjero. Incluso participó en alguna carrera con el brazo en cabestrillo y el brazo fijado con cinta americana al volante.

Los coches de carreras de Carroll Shelby

Su retirada no iba a suponer que se alejase de los circuitos ni mucho menos. Durante sus años de piloto, nuestro protagonista no dejaba de alimentar su idea de construir coches capaces de ganar carreras y hacer disfrutar a sus conductores hasta el extremo. Su posición privilegiada le permitió visitar muchas fábricas y centros de diseño, donde se empapó de gran sabiduría relacionada con el mundo de la automoción.

En el año 1962, AC Motor Cars se quedó sin su proveedor de motores Bristol. Carroll Shelby, conocedor de las bondades de los ligeros chasis europeos y de las posibilidades de los enormes motores americanos, convenció a la compañía para buscar motores V8 que propulsasen sus coches, que anteriormente llevaban motores de 4 cilindros. En primera instancia, Carroll recurrió a Chevrolet, los cuales rechazaron el proyecto debido a que temían introducir en el mercado un automóvil que compitiese con su famoso Corvette. En ese momento comenzaron las conversaciones con Ford, y empieza la leyenda de una de las series de coches más icónicas de la historia.

Ford envío los motores a Inglaterra, donde se montaron dos prototipos. Como Carroll esperaba, el pequeño roadster de poco más de 900 kg y un motor de 4.3 litros con unos 260 CV no tenía problemas en alcanzar los 240 km/h. El chasis fue mejorado, incluyendo un nuevo diferencial y eje trasero.

Carroll Shelby y sus famosos Cobra.

Tras la aprobación definitiva del proyecto por parte de Ford, el coche fue enviado al Salón del Automóvil de Nueva York, que fue bautizado como Cobra por Carroll Shelby. El nombre proviene de un sueño de Carroll, en el que una cobra se posaba sobre el capó de su automóvil.

Carroll aprovechó sus contactos y su fama para promocionar el coche. El divertido biplaza se convirtió rápidamente en el sueño de todo adolescente de la época gracias al marketing y la publicidad.

Por su parte, los Cobra dominaron los circuitos desde su presentación en 1963. El coche estableció multitud de records, y sus actualizaciones proporcionaron a los Estados Unidos el título de fabricantes de GT.

Para entonces, Carroll ya había fijado su ojo en superar a Ferrari en los veloces circuitos europeos. En ellos, el Cobra era débil debido a su pésima aerodinámica, que no le permitía superar los 250 km/h. Para reducir su resistencia al viento, el equipo de Shelby trabajó en una capota dura. De esta forma surgió el Cobra Coupé, capaz de alcanzar los 295 km/h.

A la izquierda, el Cobra original. A la derecha, el Cobra con capota dura, mucho más aerodinámico.

Con este coche compitieron en Daytona frente al Ferrari GTO. Sin embargo, un incendio debido a la caída de gasolina sobre unos frenos ardiendo, privó de la gloria al Cobra Coupé a pocas vueltas para el final.

Tras las victorias posteriores en circuitos como Spa, llegó la prueba europea de Monza. Dada la enorme ventaja que los Cobra Coupé tenían sobre los Ferrari, el todopoderoso Enzo Ferrari movió sus hilos para cancelar la prueba. A la temporada siguiente, Ferrari se retiró del campeonato y los Cobra Coupé no tuvieron rival para hacerse con el título.

Con el objetivo de ganar la carrera más prestigiosa del mundo en mente, las 24 horas de Lemans, Ford Advance Vehicles había unido una carrocería británica a un motor V8 de Ford capaz de proporcionar 350 CV, apareciendo en escena el Ford GT 40. En 1964, los problemas de fiabilidad del mismo no permitieron a Ford finalizar la carrera en Lemans. De las 10 carreras en las que fueron inscritos en este curso, los GT 40 no terminaron ninguna de ellas.

Tras los éxitos cosechados por el Cobra y el Cobra Coupé, Ford pensó nuevamente en Carroll Shelby para ganar las 24 horas de Lemans. El equipo de Carroll trabajó en Los Ángeles sobre el GT 40. Se incluyó un motor más fiable, se pusieron neumáticos Goodyear y unas ruedas de Magnesio, y se trabajó sobre la carrocería. De esta forma se creo el GT 40 Mk II, que fue el primer coche de carreras del mundo que recibió ayuda informática en su diseño.

En las 24 horas de Lemans de 1966, los GT 40 Mk II ocuparon las 3 primeras plazas del pódium, dejando fuera del mismo a los vehículos del mismísimo Enzo Ferrari.

Para disgusto de Henry Ford, los GT 40 Mk II eran fabricados por la Ford de Inglaterra. Por ello, eran considerados coches ingleses a ojos del mundo. Ante esto, el GT Mk IV se diseñó y fabricó en EEUU con apoyo del equipo de Shelby, utilizando las últimas tecnologías como un chasis de aluminio soplado que incluía resina epoxy en varios lugares. Este coche volvió a ganar Lemans en 1967.

Esta victoria supuso el triunfo de un coche totalmente americano sobre los vehículos de Enzo Ferrari, marcando un hito en la historia del automovilismo en EEUU. De esta forma, Henry Ford, que había obtenido la negativa de Ferrari a venderle su compañía, consiguió su deportiva venganza en la prueba en la que su rival era especialista, gracias al equipo de Carroll Shelby.

 

Coches que llegaron a las calles y a los corazones de multitud de conductores

Tras conseguir lo máximo en el mundo de las carreras a nivel internacional, Carroll Shelby aceptó un nuevo reto: destronar al Corvette Stingray como coche deportivo más deseado.

A finales de 1964, Ford presentó el Mustang, que rápidamente obtuvo una buena acogida dentro del público americano. Sin embargo, la potencia del coche no superaba los 200 CV, lo que no le permitía destronar al Corvette en todos los sentidos. Por ello, Ford se puso en contacto con Shelby, que proporcionó un motor V8 de 4.7 litros de los Cobra anteriores para el Mustang de Ford, inyectando hasta 310 CV sobre el hoy en día icónico Shelby Mustang GT350. En este primer año se fabricaron 515 ejemplares de calle, y 36 para competir en los circuitos (23 de los cuales eran GT350R, con más modificaciones de competición). A pesar de tener un coste más comedido que el Corvette, con el paso del tiempo Ford continuó reduciendo el coste del vehículo sin sacrificar las prestaciones, incorporando además elementos que lo hacían más cómodo.

Ford Mustand y Chevrolet Corvette Stingray, una rivalidad de leyenda.

Para aquellos que no podían permitirse un GT350, Shelby firmó un acuerdo con Hertz para proporcionarles 1000 coches que pudiesen alquilar los conductores durante los fines de semana. La picaresca de multitud de aficionados que alquilaban estos coches de carreras e intercambiaban el motor con el de su Mustang convencional, acabó con este negocio de alquiler de coches.

En el año 1967, Carroll introdujo en el mercado el famoso Shelby GT500, con un motor V8 de 7000 cm3 capaz de rendir unos 360 CV (las malas lenguas hablan de prestaciones superiores a los 400 CV).

Carroll Shelby con el Ford Mustang GT 350.

El juego continua

En los años 80, Carroll Shelby fue llamado por Chrysler para reforzar la imagen de la compañía. Él y su equipo transformaron alguno de los modelos de la marca, como los famosos Dodge Charger. Cerca de finales de los 90, Shelby colaboró en el desarrolló del chasis del Dodge Viper, además de poner su nombre para promocionar el mismo. Se creaba de esta forma un automóvil radical y único, propulsado por un motor V10 de 7,9 litros.

Posteriormente, Shelby fabricó réplicas de sus primeros Cobra roadster, incluso más potentes y con mejoras respecto a los originales. Ya mucho menos conocido, a finales de los 90 Carroll Shelby produjo 250 unidades del Shelby Series 1, con un V8 de 320 CV capaz de pasar de 0 a 100 km/h en aproximadamente 4 segundos.

A la izquierda, Carroll y el Dodge Viper. A la derecha, con el Shelby Series 1.

El mítico e inigualable Carroll Shelby falleció en 2012 a los 89 años de edad. Sin duda, su trabajo y determinación le ha convertido en leyenda del automovilismo dentro y fuera de las pistas. Su marca, Shelby, sigue viva como preparador oficial de los Mustang de Ford. Sin duda, el espíritu de Carroll perdurará en el tiempo.  

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Daniel Agudo

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